
Sol Barrios (1980) es una artista autodidacta chilena cuya obra transita entre la pintura al óleo, la acuarela, el bordado, la fotografía y el muralismo en paste-up. Actriz de formación, su trabajo se centra en el cuerpo humano como territorio simbólico
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Mi obra explora el deseo como una fuerza vital que no depende de la juventud ni de la aprobación externa, sino de la conciencia de estar viva. A través de retratos —mayoritariamente femeninos y con una cualidad andrógina— construyo figuras que no buscan agradar ni tranquilizar. Sus miradas, intensas y sostenidas, invierten silenciosamente la relación entre quien observa y quien es observado. No interpelan desde el juicio, sino desde una autonomía que puede incomodar: no piden permiso, no se ofrecen como objeto, simplemente existen con una presencia afirmada.
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En mis pinturas, la juventud no es nostalgia, sino símbolo de intensidad; el cuerpo no es ideal, sino territorio de tensión entre vulnerabilidad y potencia. El deseo aparece como continuidad frente al tiempo, como una energía que no se somete a la norma ni a la edad. Esa posible incomodidad que emerge en el espectador no es confrontación, sino dignidad establecida: la dignidad de una figura que sostiene su derecho a desear y a ser mirada sin rendir examen.
My work explores desire as a vital force that does not depend on youth or external validation, but on the awareness of being alive. Through portraits—predominantly female, often with an androgynous quality—I construct figures that do not seek to please or reassure. Their intense, sustained gazes subtly invert the relationship between the one who looks and the one being looked at. They do not confront through judgment, but through autonomy—an autonomy that can feel unsettling. They do not ask for permission, nor do they offer themselves as passive objects; they simply exist with an affirmed presence.
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In my paintings, youth is not nostalgia but a symbol of intensity; the body is not an ideal, but a territory where vulnerability and strength coexist. Desire emerges as continuity against time, as an energy that resists being confined by age or norm. The discomfort that may arise in the viewer is not confrontation, but established dignity—the dignity of a figure who sustains her right to desire and to be seen without standing trial.
